El cambio climático debe ser una preocupación especial para el nefrólogo, ya que el riñón tiene un papel fundamental en la protección del huésped contra la deshidratación, pero también es un objetivo favorito del estrés térmico y la deshidratación. Aquí analizamos cómo el aumento de las temperaturas y los eventos de calor extremo pueden afectar al riñón. La presentación más grave del estrés térmico es el golpe de calor, que puede provocar una alteración electrolítica grave y enfermedad renal tanto aguda como crónica (ERC). Sin embargo, niveles menores de estrés térmico también tienen múltiples efectos, incluida la exacerbación de la enfermedad renal y la precipitación de eventos cardiovasculares en sujetos con enfermedad renal establecida. El estrés térmico también puede aumentar el riesgo de cálculos renales, causar múltiples anomalías electrolíticas e inducir enfermedad renal tanto aguda como crónica. Recientemente ha habido múltiples epidemias de ERC de etiología incierta en varias regiones del mundo, incluida Mesoamérica, Sri Lanka, India y Tailandia. Cada vez hay más evidencia de que el cambio climático y el estrés térmico pueden desempeñar un papel contribuyente en estas afecciones, aunque también podrían estar involucradas otras causas, incluidas las toxinas. A medida que el cambio climático empeora, el nefrólogo debe prepararse para un aumento de enfermedades asociadas con el estrés térmico y la deshidratación.